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24/10/2012 | Entradas automáticas Valor para la estación de trenes de Friburgo

SUPREMACÍA CUALITATIVA RECONOCIDA: INCLUSO POR LOS ALEMANES 

Estamos en Baden-Württemberg, uno de los dieciséis estados de la federación alemana, el tercero por extensión y uno de los más activos. No es casualidad que su renta per capita sea aproximadamente un tercio más alta que la media continental: junto con Lombardía, Cataluña y la región francesa Rhône-Alpes, constituye uno de los “cuatro motores de Europa”, una auténtica fuerza impulsora de la Unión Europea. Y, más en concreto, estamos en Friburgo, a 15 kilómetros de la frontera francesa y a 50 de la suiza, por lo que se puede entender bien que se trate de una ciudad de muchos comercios, en la que las vías de comunicación se cuidan como fuentes de riqueza. Las carreteras y los ferrocarriles transportan los productos fabricados en el lugar (con el vino a la cabeza: Friburgo surge en una de las zonas enológicas alemanas por excelencia), permiten la afluencia de los estudiantes a la famosa y antigua universidad y de los turistas a las bellezas paisajísticas y monumentales que convierten la ciudad en una de las metas turísticas más visitadas de Alemania. 

¿Cómo nos podemos imaginar, la estación de trenes de una ciudad reconocida por unanimidad acogedora y bonita, sin duda acomodada y, por su naturaleza, eficiente, ya que hablamos de Alemania?
Funcional, se podría decir. Ça va sans dire, comentarían los vecinos franceses: si no es funcional una estación construida en Alemania, país que, gracias a su eficiencia operativa y de producción, se ha convertido en una de las mayores potencias económicas del mundo, el segundo país exportador después de China, ¿qué podría serlo?
Entonces, tecnológica. También aquí, nada sorprendente: Alemania se reconoce como líder en varios sectores científicos y tecnológicos, y el de las infraestructuras es uno de los más avanzados. Basta con pensar en la estación central de Berlín, del arquitecto Meinhard von Gerkan, proyecto arquitectónico de gran importancia en una capital que ha convertido la arquitectura espectacular y futurista en su tarjeta de visita, con dos plantas principales para el tráfico ferroviario y tres plantas de conexión y comerciales. Bueno, la estación de Friburgo es más modesta (por otro lado, sirve a una ciudad de ni siquiera 250 mil habitantes, no a una metrópolis que, con el extrarradio, cuenta con 4 millones y medio), pero aun así es una joya de racionalidad y supremacía técnica.
Elegante. Sí, Alemania se está abriendo camino también en el diseño y en la elegancia. No sólo en el campo automovilístico – donde los centros de estilo de Audi, BMW y Mercedes llevan años haciendo escuela en el mundo – sino también en sectores que antes no se solían conectar naturalmente al espíritu teutónico. Y, sin embargo, actualmente Hugo Boss, Jil Sander y Karl Lagerfeld son marcas elogiadas por los apasionados de la moda. Pero llega la sorpresa. 

¿Qué puertas automáticas habrá elegido la estación de Friburgo para acoger a los pasajeros en tránsito? Un modelo seleccionado entre los más funcionales, los más tecnológicos y los más elegantes, sin duda. Sin embargo se sorprenderá quien se esperaba una marca de puertas alemanas, porque se trata de puertas correderas automáticas Valor-R Ditec Entrematic, ideales para el uso intenso y continuo, fiables y seguras, silenciosas y con control a distancia. No Made in Germany, es verdad, pero la calidad superior, que no tiene fronteras ni nacionalidades, se ambienta a la perfección en todos los contextos y en cualquier latitud. Los responsables de los ferrocarriles de Friburgo lo saben bien.